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Mostrando entradas de agosto, 2010

A ti que buscas a Dios

Hermano: pon en descanso tu propio corazón.
Tú, que buscas a Dios; tú, que sientes en tu alma el deseo de orar; tú, que percibes la voz del Señor que te invita a un encuentro profundo con Él, no desoigas su voz. Ten la serenidad y la disponibilidad necesarias para "perder tu tiempo" con Dios. Renuncia por un momento a tu actividad. Deja este ritmo de vida marcado, inexorablemente, por las agujas del reloj.
Vive tu tiempo para Dios como "un tiempo fuera del tiempo".
Está atento. No duermas, pero tampoco tengas prisa.
Piensa en ti. Busca recrear tu propio interior. No creas que esta actitud es egoísta.
Las personas que comparten tu vida no sólo necesitan de ti, o de tu servicio, o de tu disponibilidad. Esperan que tú les puedas decir con tu vida una palabra que nazca de dentro, una palabra del alma, una palabra que suene a silencio.
No vivas en actitud prescindente o alienada. Piensa que es necesario que renueves tu interioridad.
Para ello, dile al Señor un sí muy grande, m…