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Desde hoy, Santa Bonifacia

SANTA BONIFACIA, Ruega por nosotros.

Tomado de Ecclesia Digital:

Espiritualidad inserta en la vida

El trabajo es patrimonio de todo el mundo, descubrir su potencial humanizador y transformador es una de las tareas más importantes de la vida. Si es cierto que con él transformamos la realidad, lo es también que él nos transforma a nosotros, para bien o para mal. Tristemente, con demasiada frecuencia ha hecho y hace esclavos: se trata de una desviación; de suyo, en los planes de Dios está llamado a hacernos creadores, liberando en nosotros, a la vez, la capacidad de ser artífices y servidores de los demás.

En contra de lo que solemos pensar, el trabajo no es un medio, es fin en sí mismo, fuente de realización personal. Pero es necesario evitar que nos atrape, que nos aliene, hemos de permanecer atentos y despiertos a lo largo de nuestro trabajo, que es cuando despliega toda su capacidad humanizadora y nos permite disfrutarlo como dueños y señores.

La oración que se hermana con el trabajo despierta nuestra consciencia, trae al trabajo la presencia, mantiene fija durante la actividad esa parte central de nuestra interioridad, como fija permanece la parte central de una rueda mientras gira: ésta puede ser una imagen de lo que es hermanar oración y trabajo, siguiendo a Bonifacia. Favorece que sintamos nuestra mano silenciosa prolongando la de Dios, o la de Dios sosteniendo la nuestra, también creadora.

La espiritualidad de Bonifacia, inserta en la vida,

  • nos orienta en este camino, ofreciéndonos la posibilidad de darle a esa realidad universal que ocupa la mayor parte de nuestra vida, el trabajo, una dimensión de profundidad que lo conecta con nuestro ser profundo, imagen de Dios. Porque la persona no ha de trabajar como las máquinas.

· Nos ayuda a superar la agitación, la superactividad, el estrés, a vivir pacificados, unificados, serenos, desprendidos, conformes con lo que somos y tenemos, sin ansiedades ni ambiciones. Lo opuesto es vivir extraños a nosotros mismos, rotos por dentro, desosegados, insatisfechos.

· Nos recuerda la llamada a vivir en plenitud, a gozar de ese espacio interior que nos hace libres, sintiéndonos pobres, humildes, permitiéndonos disfrutar de las cosas pequeñas porque pisamos nuestro suelo profundo, que nos sostiene y alimenta, dándonos calor de hogar.

  • Todo lo cual es fruto del silencio -de ese silencio del que Bonifacia es maestra-, de la oración, de la contemplación, altamente favorecidos por el trabajo realizado en presencia de Dios estando presentes a nosotros mismos.
  • Bonifacia permanecía centrada en el trabajo, activas las manos y quieto el corazón. Logra tener fija en Dios esa parte profunda del ser, lo que le da su característica serenidad, “siempre igual, tranquila y bondadosa”. En uno de sus discursos nos dice como acceder a esto: Para estar unidos con Dios no hay mejor cosa que andar siempre en su presencia. Era el modo como ella hermanaba oración y trabajo.

Espiritualidad para todos

Lo más importante en la vida es ser lo que realmente somos, vivir de nuestras raíces, crecer como personas hijas e hijos de Dios. Esta es nuestra genuina vocación, la de todos, no la de unos cuantos privilegiados. Es vocación universal.

Bonifacia es un indicador: no necesitamos apartarnos de la vida ordinaria, ella lo logró en el trabajo de cada día. Ahí, en el corazón de la vida, es donde Dios nos espera para el encuentro, ese encuentro que comenzó el día que Jesús se hizo uno de tantos, asumiendo la condición humana y compartiendo nuestra necesidad de trabajar para vivir. De él lo aprende Ignacio de Loyola, de él lo aprende Francisco Butinyà, de él lo aprende Bonifacia Rodríguez de Castro, humilde trabajadora, de oficio cordonera. Y santa…

Breve historia de Bonifacia

Bonifacia Rodríguez de Castro nace en Salamanca (España) el 6 de junio de 1837. Juntamente con Francisco Butinyà, sj, funda en Salamanca en 1874 las Siervas de san José para la evangelización y promoción del mundo trabajador pobre, especialmente de la mujer. Conoce en su vida la exclusión, la humillación y la calumnia, siendo su única respuesta el silencio y el perdón. Su aporte específico a la espiritualidad de la Iglesia es el seguimiento de Jesús en los años de Nazaret, hermanando la oración con el trabajo en la sencillez de la vida cotidiana. Fallece en Zamora (España) el 8 de agosto de 1905. El papa Juan Pablo II la beatificó en noviembre de 2003.

Canonización

El próximo 23 de octubre el papa Benedicto XVI la canonizará en la Plaza de san Pedro de Roma, reconociéndola como testigo de la fe para la Iglesia universal y poniendo un sello de autenticidad cristiana a su espiritualidad y misión.



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