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Semana "Santa"

Por más secularizado que esté el contexto social sigue llamándose “Semana Santa”. Qué se entienda por “santa” es otro asunto. Para algunos todo queda en un término sin significado, es el calificativo que se da a una semana de vacaciones. Es expresión que viene de otros tiempos y se mantiene en éstos, ajenos a la santidad. Son muchos los que sí entienden que existe un halo de santidad, o sea de contacto con lo religioso en esta semana. Lo religioso se expresará de manera muy distinta. Para unos su expresión son las procesiones multitudinarias, tan esperadas por cofrades que las preparan durante muchos meses. Otros viven lo santo en el retiro de una casa de espiritualidad o en un monasterio, arropados por el silencio o el canto gregoriano. Están las semanas santas juveniles. En fin, la mayoría de los que la “santidad” de la semana les dice algo viven la Semana Santa con la participación en los actos litúrgicos tan significativos, en la parroquia o iglesia a la que suelen acudir.

Sólo si se siente lo “santo” podemos hablar de Semana santa. “Lo santo” es el título del famoso libro del fenomenólogo de la religión Rudolf Otto. Advierte el autor en el inicio del libro que si el lector no tiene sensibilidad hacia lo religioso que cierre el libro. Como el que no tiene sensibilidad para la música prescinde de ir a conciertos. Esa sensibilidad se promueve y se desarrolla, o de lo contrario se apaga o se asfixia, ahogada por otras sensibilidades.

En nuestra fe esa dimensión religiosa implica una inmersión en lo humano. Se celebra la pasión y muerte del hombre que ha conseguido el nivel más alto de humanidad. Lo santo se vive en lo humano. Lo transcendente está inmerso en la historia concreta de Jesús de Nazaret. Recordamos el crimen más horrendo de la historia; no por la maldad de los verdugos, sino por la dignidad de la víctima. Celebramos el alto nivel de humanidad, de amor, al que llegó Jesús. La humanidad ha sido engrandecida y liberada de la servidumbre del mal por él. El odio de los verdugos desapareció, quedó el amor de la víctima para redimir nuestra historia. La resurrección es la expresión de su triunfo en la cruz y el destino nuestro, por él conseguido.

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