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Carta del Maestro de la Orden sobre la Liturgia (II)

En el fondo, celebramos la Palabra que viene como secreto, como fuente y fundamento de nuestra fraternidad. El reunimos en el coro varias veces al día, ¿no nos da la posibilidad de rememorar el misterio insondable de la gracia? El viene a dirigirse al mundo, a nosotros, y a darnos la fuerza y las palabras para que, a su vez, nosotros osemos dirigimos a El. Dejamos de lado nuestros propios discursos, nuestra sabiduría y todo aquello que creemos conocer bien, para dejar que hable El. Debemos contemplar varias veces al día el misterio del Hallazgo de Jesús en el Templo: ¡El es el único Maestro que revela el sentido de las Escrituras!
La celebración litúrgica es el hilo conductor de nuestros días sobre el cual se inscribe esta "consagración a la verdad, que es la Palabra", consagración que nosotros nos recordarnos mutuamente, en la cual nos sostenemos mutuamente, que nos ofrecemos los unos a los otros. La Liturgia de las Horas, dice la Tradición, santifica en cierto modo para Dios el tiempo cronológico, en su repetición y en su duración, consagra la "duración" interior del hombre a la verdad, a la Palabra que viene.