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Santa Rosa de Lima. Comentario a la liturgia del día.

Santa Rosa de Lima – En el corazón de Dios “todos somos bienvenidos”
Mt. 22, 1-14


¡El evangelio de hoy nos invita a entrar en la locura del corazón amoroso de Dios, que todo lo abarca! Digo “locura”, porque ciertamente no es el corazón de quien calcula el peligro de correr riesgos. Dios no parece obrar con un plan estratégico de largo alcance. De hecho, los que tienen gran parte de su vida ocupada en el éxito y en obtener el mayor rédito de sus inversiones, simplemente no entienden este loco amor de Dios.

Los primeros invitados a la fiesta de bodas que el rey del evangelio de hoy preparó para su hijo estaban demasiado ocupados como para poder asistir. Uno de los invitados tenía que ir a sus tierras, otro a sus negocios. Otros optan por la violencia, como si supieran gobernar el reino mejor que el mismísimo rey. Tomaron las armas y asesinaron a los que habían sido enviados a dar la bienvenida a  todos en la sala del banquete.

Entonces el rey no tuvo más remedio que cambiar al Plan “B”: ¡Que entren los pequeños en la sala! ¡Los buenos y los malos, los ricos y los pobres, los santos y los pecadores! ¡Lo único que tienen que hacer es aparecer!

¡Todos nosotros hemos sido invitados a la fiesta de bodas del hijo del rey! ¡¡Sí, suena loco, pero es cierto!! Hace poco me sorprendió saber que una canción religiosa muy conocida en los Estados Unidos titulada “Todos son Bienvenidos”, ¡había sido prohibida por el obispo local!  ¡Sospecho que cuando lea el evangelio de hoy querrá corregir su error! ¡El rey del evangelio invitó a todos a la fiesta! Solo los que estaban demasiado ocupados haciendo dinero se quedaron fuera del banquete.  ¡Todos fueron bienvenidos!

Pero esta misma parábola nos sorprende hasta el final. Un hombre entró sin su traje de fiesta. Mi reacción, y sospecho que la mayoría de vosotros tenéis la misma, es que el rey necesitaba ser un poco compasivo con el hombre.  Después de todo, si recibes a todos a tu banquete, provenientes de los albergues y comedores populares, ciertamente no puedes esperar que todos vengan con la ropa de los domingos puesta!  De pronto parece que quizá todos no son bienvenidos. ¿Qué ocurrió?

Bien, ¡esta parábola me trae recuerdos de mi infancia! De hecho, ¡apuesto que muchos de nosotros tuvimos esta experiencia siendo niños! Cuántas veces, después de darme una galleta, o un nuevo juguete, mi madre me miraba expectante y decía “¿Cuál es la palabra mágica?”.  Dándome cuenta que otra vez había olvidado lo más importante, la miraba y decía: “Gracias, mamá”. Y después seguía la mejor parte de todo –un abrazo y un beso, o por lo menos ¡una gran sonrisa y una palmadita en la cabeza!

Todos son bienvenidos a la sala del banquete del amor de Dios. Dios no cierra la puerta a nadie. ¡Pero! Para estar en la boda, tenemos que saber cómo decir la palabra mágica –“Gracias”. Esto es algo que se nos recuerda todos los domingos, cuando nuestra comunidad de fe se reúne a celebrar la Cena del Señor. La palabra “Eucaristía” significa “acción de gracias”. Cuando nos reunimos como el pueblo de Dios, lo hacemos para decir la palabra mágica, para dar gracias por el don gratuito de la gracia – el amor sobreabundante de Dios. Si no somos capaces de reconocer que el amor de Dios es un don gratuito, si no podemos venir a dar gracias, entonces nos excluimos a nosotros mismos de la Eucaristía.

Hoy la Iglesia recuerda a Santa Rosa de Lima, la primera persona nacida en América declarada santa. Su vida es con frecuencia malentendida. Se cuenta que cuando era una niña, se cortó el pelo al cero y frotó su bello rostro con pimientos picantes para no tener que casarse. Su familia formaba parte de la alta sociedad del Perú colonial, y sencillamente se esperaba que fuera la esposa de uno de los hijos aristócratas de Lima.  Al no casarse, sin embargo, pudo  hacer lo que su corazón realmente se sentía llamado a hacer: convertir parte de la casa en un pequeño hospital para los pobres - ¡un hospital donde todos eran bienvenidos! Y en contra de lo que se esperaba, ¡eso es exactamente lo que hizo! Imaginad los rumores circulando  por la clase alta de Lima, cuando se supo que Rosita, la hija de don Gaspar Flores y María de Olivia, ¡había abierto una clínica en su sala de estar!

Rosa de Lima, como Martín de Porres, su amigo que vivía a cuatro manzanas, en el convento Dominicano, unieron sus fuerzas para asegurarse que nadie  estuviera fuera de la sala del banquete del amor y la misericordia de Dios. El corazón de Dios no excluye a nadie. Todo lo que la vida nos ofrece es un don. Todo lo que Dios nos ofrece es un don. Nuestra respuesta es unir las manos alrededor de la mesa del amor infinito de Dios, la mesa donde Jesús parte su cuerpo y derrama su sangre y decir la palabra mágica. La Eucaristía no es un lugar de exclusión. En el banquete de bodas del Hijo de Dios, todos son bienvenidos. Nuestra respuesta es la acción de gracias eucarística. Sí, tan simple como decir la palabra mágica.

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