Ir al contenido principal

Solemnidad de santo Domingo

La Iglesia celebra hoy la memoria de San Domingo de Guzmán. Nosotros, la Orden de Predicadores y toda la Familia Dominica, celebra más que una memoria; celebra la solemnidad de Santo Domingo, Patriarca de los Predicadores, Luz de la Iglesia, Doctor de la Verdad, cantamos todas las noches…
Tanto en la primera lectura, en el Salmo responsorial como en el Evangelio de este miércoles hay un hilo conductor: una mujer. Israel, el pueblo de Dios, es animado a festejar, a arreglarse y bailar danzas: “te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros”, “se alegrará la doncella en la danza”. Y en Evangelio encontramos una mujer que se acerca a Jesús pidiéndole misericordia para con ella: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”.
Todo parece apuntar a recoger la belleza de las mujeres; una belleza que se traduce, que se hace visible, en el canto y las danzas, es decir, en la alegría. Y según el evangelio, la belleza se traduce en ternura y compasión de una madre. Pero tanto la alegría como la ternura de una madre depende no de sí misma sino del Amor y de la Misericordia que ella recibe. La alegría de Israel, de la doncella que se viste y se arregla, de la Iglesia es consecuencia del Amor y la Misericordia de Dios: “Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia.”. La ternura de la madre del Evangelio nace al ver el sufrimiento de su hija. La ternura de la Iglesia nace al ver a todos los que sufren, a todos los que no encuentra una mano que los acaricie en su sufrimiento, una palabra que los anime, que los llene de esperanza para seguir adelante, para seguir confiando.
En el Evangelio encontramos, una imagen aún más clara de lo que tiene que hacer, de la misión de la Iglesia. La Iglesia son como los discípulos: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. Los discípulos trata de hacer ser la voz de la mujer que sufre delante de Dios. La Iglesia debe tomar en si la voz de los necesitados y gritar, orar, a Dios para que derrame su misericordia.
Por tanto, la Iglesia, que no es un ente abstracto sino que somos nosotros, es la voz llena de la alegría y de la ternura de Dios hacia el ser humano. Y es al mismo tiempo, la voz de los hombres y mujeres que claman, que gritan por las enfermedades de este mundo (hambre, el desempleo, la injusticia, la violencia...)
Santo Domingo es un buen ejemplo para la Iglesia del mensaje de las lectura de este miércoles. El primer documento sobre Santo Domingo y los primeros frailes llamado “Vitae fratrum” nos dice que toda la vida de Santo Domingo fue gobernada por una máxima: “Hablar CON Dios de los demás Y a los demás hablar DE Dios”. Esta es la única y sagrada misión de la Iglesia: hablar de Dios y hablar con Dios.

Tomado de internet

Comentarios