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Cuaresma


La Cuaresma es el tiempo en el que los cristianos preparamos nuestra fiesta, que es la Pascua. En este tiempo no estaremos tristes, como algunos piensan. Antes bien, iremos poco a poco anticipando la alegría de aquello que esperamos celebrar con emoción. Pero se nos verá concentrados,  pensativos, sin parar de un lado para otro, como cuando en la casa estamos preparando la llegada del amigo que viene a cenar. Los preparativos a veces suponen cierto trabajo, cierta privación. El agricultor al final del invierno se nos aparece como un titán luchando con su azada contra la dureza de la tierra, que conserva aún la sólida memoria de las heladas. Su esfuerzo nos parece ímprobo, pero es un esfuerzo animado por la esperanza del fruto. A cada golpe de azada el labriego siente que al final del verano el sudor de su frente será pan en la mesa de su familia.

Hay muchas cosas que en la Cuaresma nos ayudan a preparar lo que queremos vivir con intensidad y emoción. Nos ayuda el ayuno, que utilizado por religiones y filosofías de todas las épocas y lugares, nos sirve para controlar nuestro cuerpo, no porque sea malo y haya que domarlo a látigo, sino porque decidir voluntariamente sobre él en modo sobrio nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, a clarificar nuestra mente y asentar nuestros pensamientos. Nos ayuda la oración: intensificarla en este tiempo es orientar nuestras energías, nuestra voluntad, hacia Dios, que es aquél cuyo misterio de vida inagotable queremos celebrar en la Vigilia Pascual. Por eso decimos que es un tiempo en el que queremos convertimos: nos volvemos hacia él, reconocemos que quizá hemos estado distraídos en otras cosas menos importantes, o que no hemos dado a nuestras ocupaciones cotidianas el sentido del encuentro con él. Nos ayuda el perdón, porque pedir perdón a Dios y perdonarnos entre nosotros es estrechar los lazos entre quienes vamos a celebrar juntos la fiesta.

Porque la Pascua es la fiesta preparada para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Es el banquete de salvación, fraternidad y comunión que Dios nos ofrece para que seamos plenos y bienaventurados, para que seamos felices desde ya mismo. Semejante fiesta bien merece una preparación. ¡Preparemos nuestra fiesta!