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Fidelidad


''Dios se ha unido a nosotros, nos ha elegido y ésta unión es para siempre, no tanto porque nosotros seamos fieles, sino porque el Señor es fiel y soporta nuestras infidelidades, nuestros retrasos y nuestras caídas. Dios no tiene miedo de atarse...Ama los lazos, los crea; lazos que liberan, no lazos que obligan''.
''Hoy, en particular la fidelidad es un valor en crisis porque nos incitan a buscar siempre el cambio, una supuesta novedad, negociando las raíces de nuestra existencia, de nuestra fe. Sin la fidelidad a sus raíces, sin embargo, una sociedad no avanza: puede cumplir grandes progresos técnicos, pero no un progreso integral de todo el hombre y de todos los hombres. El amor fiel de Dios hacia su pueblo se ha manifestado y realizado plenamente en Jesucristo'' y ''permanece fiel, no traiciona nunca: incluso cuando nos hemos equivocado, Él nos espera siempre para perdonarnos: es el rostro del Padre misericordioso''.
''Este amor, esta fidelidad del Señor manifiesta la humildad de su corazón... Nosotros podemos experimentar y saborear la ternura de este amor en cualquier momento de la vida: en el tiempo de la alegría y en el de la tristeza, en el tiempo de la salud y en el del malestar y la enfermedad. La fidelidad de Dios nos enseña a acoger la vida como un evento de su amor y nos permite testimoniar este amor a los hermanos en un servicio humilde y suave.”


















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