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Novena a Santo Domingo. 2015. Cuarto día.

Santo Domingo comenzó la obra que el Señor le había encomendado dotándola de unos cimientos sólidos. El instrumento dócil en manos del Espíritu que fue Nuestro amadísimo Padre se dejó hacer y le dejó hacer… Porque los primeros frutos de su predicación entre los cátaros para rescatarlos del error fueron nueve mujeres convertidas que acudieron a él en busca de ayuda y protección para poder vivir una vida de absoluta y exclusiva dedicación al Señor. Domingo las acogió y acompañó ayudándolas a crecer en esa entrega que Dios les pedía. Y ellas fueron los cimientos del edificio de la Orden de Predicadores que Dios regaló a su Iglesia.

Estas mujeres aprendieron todo de fray Domingo y fueron tomando conciencia de manera progresiva de su misión dentro de la Orden: ser raíz de la que habría de alimentarse el árbol frondoso de la Predicación. Su vida de oración, escondida con Cristo en Dios, habría de ser sostén para la labor de sus hermanos. Buscando a Dios en el silencio, pensando en Él, invocándolo, harían posible que la Palabra salida de la boca de Dios prosperara en aquéllos a quienes había sido enviada.


Las que hoy vivimos en el Sancti Spiritus somos hermanas pequeñas de aquellas cátaras convertidas con las que empezó esta historia apasionante de misericordia allá por el 1206. Ellas y todas las que nos precedieron en este monasterio toresano, que lleva vivo 700 años, han hecho posible que la vida contemplativa dominicana siga viva hoy en Toro para la Iglesia y el mundo entero. Porque Dios es tan bueno que la “eficacia” de nuestra vida escondida supera, de manera misteriosa pero real, el perímetro de nuestra casa hasta límites insospechados. Hoy, como entonces, Domingo continúa enseñando a sus hijas el “arte” de la contemplación llamada siempre a dar lo contemplado. 

Pionero también en el descubrimiento del "genio femenino", supo entender lo que el Espíritu le sugería poniendo en su camino a aquellas nueve mujeres: que la auténtica transmisora y mantenedora de la fe es la mujer. Por eso quiso empezar su obra contando con ellas y continúa fiándose de nosotras para que su familia siga dando mucha gloria a Dios.

Gracias, Padre, por seguir cuidando de nosotras; gracias porque nunca nos dejas solas; gracias por congregarnos, acogernos en tu casa y ayudarnos a seguir los pasos de Jesús; gracias por hacernos portadoras de tu carisma y por haber querido contar con nuestras vidas para que el árbol de tu Orden siga dando cobijo a todo tipo de aves. ¡¡¡Gracias, Padre Domingo!!!


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Magnífico. Lástima que pocas personas lean esto.
Un abrazo.
M.M. de Jesús