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Novena a Santo Domingo. 2015. Noveno día.

Mirar a los orígenes de nuestra Orden nos hace mejores porque pasar una y otra vez por el corazón la sucesión de acontecimientos que fueron conformando la vida de Nuestro Padre ensancha el corazón. Y es que si así sucede cuando lo que se contempla es la historia de misericordia que el Señor ha hecho con cada uno, con cada una, con mayor razón ocurre esto mismo cuando contemplamos las maravillas que ha hecho en sus santos para la salvación del mundo.

A medida que nos hacemos más y más conscientes de cómo comenzó la aventura humana y divina en la que el Espíritu embarcó a fray Domingo, la acción de gracias surge de manera espontánea y los deseos de corresponder a semejante derroche de misericordia nos hace responder a la llamada con generosidad, con prontitud, con alegría. Esto tiene la vida de los santos: contemplarla despierta nuestros deseos de fidelidad, los consolida, los hace crecer.

Contemplando los orígenes de nuestra familia vemos la humildad y la discreción de un hombre de Dios que le dejó hacer en su vida. Domingo se limitaba a dejarse llevar acogiendo lo que el Señor ponía en sus manos en cada momento. Su inmenso corazón le ponía en marcha para secundar esas llamadas dándose y haciendo trabajar todos los talentos que el Señor le había dado.


Así, superando dificultades, la Orden se fue gestando primero y creciendo después. Pero al ser la discreción de Nuestro Padre uno de sus rasgos más sobresalientes, muy poquitas cosas quedan expresamente plasmadas. Por eso, para penetrar en los secretos divinos de esta aventura apasionante que es la historia de la Orden de Predicadores hay que aprender a leer entre líneas y dejarse guiar por el Artífice de esta historia de salvación.

Sumergirte en esta lectura te abrirá horizontes insospechados y te hará descubrir la figura del Domingo, discreto y humilde, que se manifiesta de forma callada y que siempre permanece en segundo plano. Y es que contemplando la historia de Domingo se descubre en él un indicador de excelente calidad que apunta directamente a sus amores: el Verbo encarnado y su Madre Purísima.

Te deseo la inmensa suerte, que es gracia, de hacer este descubrimiento. Te aseguro que te cambiará la vida...


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