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San Jacinto de Polonia

Hacemos memoria hoy en la Orden de San Jacinto de Polonia, una de las estrellas que brilla en el firmamento dominicano con la luz de Nuestro Padre Santo Domingo.

Y nos llena de alegría la feliz coincidencia, que no es tal sino providencia, de celebrar a este santo contemporáneo del primer Predicador tan cerquita de la solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora y tras varios domingos en los que la liturgia nos propone, de la mano de San Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida.

¿Por qué decimos esto? Porque los dos amores de este hermano nuestro fueron la Eucaristía y la Virgen. ¡Qué bien aprendió de Nuestro Padre a poner el corazón en María y, por Ella, en Jesús Sacramentado! ¡Con qué fidelidad al carisma fundacional llenó su corazón de estos amores para darlos a manos llenas a sus hermanos los hombres!

Gracias, Jacinto, por ser estrella en el cielo dominicano. Ese cielo que, por misericordia de Dios, sigue enviando señales a los que peregrinamos en la tierra para que dirijamos nuestra mirada a lo único importante; para que amemos a Jesús y a María con toda nuestra alma; para que prediquemos sin cansancio y sin descanso el amor infinito de Dios a los hombres. San Jacinto de Polonia, ruega por nosotros!



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