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Dios en medio de su pueblo

Francisco propuso como guía en este aprender a ver, a mirar, al profeta Isaías que presenta a Jesús como Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, y Príncipe de la paz y explicó cada una de estas apelaciones.
''Consejero maravilloso: Los Evangelios nos narran cómo muchos van a preguntarle: ''Maestro, ¿qué debemos hacer?''. El primer movimiento que Jesús genera con su respuesta es proponer, incitar, motivar. Propone siempre a sus discípulos ir, salir. Los empuja a ir al encuentro de los otros, donde realmente están y no donde nos gustarían que estuviesen. Dios fuerte: En Jesús Dios se hizo el Emmanuel,
el Dios-con-nosotros, el Dios que camina a nuestro lado. Padre para siempre: Vayan y anuncien, vayan y vivan que Dios está en medio de ustedes como un Padre misericordioso que sale todas las mañanas y todas las tardes para ver si su hijo vuelve a casa, y apenas lo ve venir corre a abrazarlo. Príncipe de la paz: El andar hacia los otros para compartir la buena nueva que Dios es nuestro Padre, que camina a nuestro lado, nos libera del anonimato, de una vida sin rostros, una vida vacía y nos introduce en la escuela del encuentro. Nos libera de la guerra de la competencia, de la autorreferencialidad, para abrirnos al camino de la paz. Esa paz que nace del reconocimiento del otro, esa paz que surge en el corazón al mirar especialmente al más necesitado como a un hermano''.

''Dios vive en nuestras ciudades, la Iglesia vive en nuestras ciudades -exclamó Francisco al final de su homilía- Y Dios y la Iglesia que viven en nuestras ciudades quieren ser fermento en la masa, quieren mezclarse con todos, acompañando a todos, anunciando las maravillas de Aquel que es Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz. El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz y nosotros, cristianos, somos sus testigos''.



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